Calefón: señales de que algo va mal y por qué no conviene ignorarlas

El calefón es probablemente el aparato más peligroso de tu casa, y el que menos atención recibe hasta que deja de funcionar. No es alarmismo: quema gas dentro de tu vivienda, y cuando lo hace mal produce monóxido de carbono, un gas que no se ve, no huele y no avisa.

Por qué el monóxido es distinto a una fuga de gas

Una fuga de gas se huele. Al gas domiciliario se le añade un odorizante precisamente para que lo detectes.

El monóxido de carbono, en cambio, no tiene olor ni color. Se produce cuando la combustión es incompleta, normalmente por falta de aire o por mala salida de gases. Y sus primeros síntomas se confunden con otra cosa: dolor de cabeza, náuseas, mareo, somnolencia, confusión. Mucha gente piensa que le sentó mal la comida.

La señal que hay que conocer

Si varias personas de la casa tienen dolor de cabeza o mareo al mismo tiempo, y mejoran al salir al aire libre, sospecha de monóxido. Ese patrón —síntomas compartidos que remiten fuera de casa— es la pista más característica.

En ese caso: salgan todos, ventilen abriendo puertas y ventanas, y no vuelvan a entrar hasta que un instalador autorizado revise el aparato. Si hay alguien con síntomas marcados, llama al SAMU al 131. Si hay riesgo inmediato, Bomberos al 132. Los dos son gratuitos desde cualquier celular, incluso sin saldo.

Señales en el propio aparato

  • La llama es amarilla o naranja. Una combustión correcta da llama azul. El amarillo indica combustión incompleta, que es justo la que produce monóxido.
  • Hollín o manchas negras alrededor del calefón o en el muro sobre él.
  • Olor raro al funcionar, o sensación de aire viciado en el baño.
  • Se apaga solo mientras te duchas: muchos modelos tienen sensores de seguridad, y si están actuando es porque hay un motivo.
  • El agua sale muy caliente y muy fría alternando, señal de que algo no regula bien.
  • Ruidos de explosión pequeña al encender.

Ninguna de estas señales se arregla esperando.

La ventilación no es opcional

Un calefón necesita dos cosas: aire para quemar y salida de gases al exterior. Si le falta alguna, la combustión se degrada.

Los escenarios de riesgo más habituales:

  • Calefón dentro de un baño pequeño y cerrado, sin rejilla de ventilación.
  • Rejillas tapadas con muebles, ropa colgada, cartón o cinta «porque entraba frío». Esa rejilla no es un descuido del constructor: está ahí por una razón.
  • Ducto de salida obstruido por nidos de pájaros, hojas o desprendimientos.
  • Calefón instalado en un espacio cerrado sin ducto, algo que no debería existir pero se ve.

Mantenimiento: lo que sí conviene hacer

  • Revisión periódica por un instalador autorizado. Limpieza del quemador, revisión del ducto, comprobación de la combustión. Es barato comparado con lo que previene.
  • Cambia los flexibles cuando toque. Las mangueras de conexión se resecan y agrietan con los años.
  • Mantén las rejillas libres. Siempre.
  • Considera un detector de monóxido. Cuestan poco y son el único aviso posible ante un gas que no se percibe.

Quién puede trabajar en tu calefón

Esto no es un detalle burocrático: en Chile, quien interviene una instalación interior de gas debe estar autorizado por la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC). La SEC tiene un buscador público y gratuito para comprobarlo.

Pídele su nombre y número de licencia, y compruébalo. Un aparato de gas mal intervenido no falla de forma evidente: falla de forma silenciosa, y eso es precisamente el peligro.

Puedes buscar un gasfiter por comuna en el directorio. Antes de contratar, revisa cómo verificar que está autorizado por la SEC.

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